jueves 8 de enero de 2009

Cuando la rueda no rueda


Hoy no es un viernes cualquiera, no, y no precisamente porque se hayan inaugurado los Juegos Olímpicos de Pekín, que también. Para mí no es un viernes cualquiera porque es 8 del 8 del 2008, que dicho así tampoco debería significar gran cosa, pero es que además es Agosto y no estoy de vacaciones todavía, como gran parte de la gente, y resulta que mi primer día de trabajo en mi empresa actual fue el 2 del 2 del 2002, y eso hace que cumpla, dicho en nomenclatura de condena, 6 años, 6 meses y 6 días. Y claro, tanto número rimando, no podían dejar pasar el día sin algo especial.

La ola de calor que de lunes a miércoles ha sacudido España va desapareciendo y en Madrid ya sólo quedan los calores habituales de un Agosto normalito. Aún así duermo un poco de siesta antes de salir para mi pueblo, Castronuño, y a eso de las seis pasadas cojo camino, para mi sorpresa, sin ningún atasco en la cada vez más transitada A-6. En menos de dos horas veo los primeros viñedos de la Seca, tras haber atravesado Medina del Campo. El viñedo se encuentra ahora en uno de los momentos más importantes del ciclo, los sarmientos dejan de crecer, se corta el flujo de savia desde las raíces y toda la actividad se centra en las hojas, desde donde exportan todos sus productos al racimo. Es el ENVERO, que por cierto me evoca un bonito nombre para un can. A pesar de lo complicado de la climatología, con muchas lluvias de primavera, la uva se encuentra muy sana, aunque en menos cantidad que un año medio, pues las lluvias durante floración produjeron corrimientos en el racimo.

De la Seca a Rueda, a pesar de ser una de las zonas de mayor concentración de viñedo, la viña no se convierte en monocultivo y se salpica de cereal, remolachas, patatas y maíces. Pero lo que más llama la atención no es el viñedo, sino la cantidad de VIÑEDO JOVEN. Y mientras conduzco hacia Rueda me voy preguntando si aguantará esta DO toda esta producción o caerá, como muchas otras en precios de uva para el viticultor, que en vez de enriquecer la zona la deprimen. Y me siento optimista, y me digo, Rueda va sobre ruedas, y no va descarrilar, pero……ya veo viñedos que no hicieron poda en verde, con amontonamientos de hojas y poca aireación, con excesiva producción….y el optimismo es ya forzado…..quizás no vengan las vacas flacas, quizás las estemos alimentando hoy.

Llego a Rueda, hay bastante gente en las terrazas, y se nota en el ambiente que esperan su semana de fiestas, y se nota el verano de los pueblos, con la gente a la puerta, no tanta como antes obviamente, para que vamos a conversar con el vecino, pudiendo enviarle un e-mail, o un SMS. Aparco el coche y entro en uno de los bares de la carretera principal. Hola, buenas tardes, voy a tomar un verdejo, ¿Cuáles tiene?, pregunto. Antes de responder me mira con cara rara, como si querer elegir una marca concreta fuera pecado, pero bueno, para que me va responder a la pregunta, ¿cuál quieres?, me responde, ninguno en concreto, prefiero que me diga usted cuáles tiene, par a ver si hay alguno que no conozco y así, lo pruebo. Ahora si que me mira raro, y no entiende, le digo que cuál le gusta para ponérselo, me responde. No, sólo quiero saber cuáles tiene. ¡Que si llueve¡, saca una botella de Cantosán, y con un gesto algo despectivo dice: ¿esta?, sí, sí, adelante. El 2007 no lo he probado. La abre delante de mí. El color dorado me desconcierta, y el aroma y el sabor peor todavía. Doy dos traguitos, compruebo la baja calidad del vino, y como ni siquiera me ha puesto una triste aceituna, le doy los 1,20€ y busco otro bar.

Al lado, que para eso estamos en España otro bar. Entro, por favor, un verdejo, ¿cuáles tiene?, el de la casa¡¡¡, con voz enérgica y aclarándome que ese tipo de preguntas sobran. Iba a preguntar si podía ser otro, pero de verdad, me dio miedo, se lo prometo. Lo sirve rápido, de forma que no puedo ver que marca es, le pido, por favor, que me deje ver la botella. Me mira con mala leche, me dice que está mal embotellado….y que la etiqueta no corresponde al vino. Un traguito, poca cosa, algo más varietal, pero poco, piña y algo de espárrago, buena acidez, correctito.

Y ahora ya voy hacia Castronuño, y ya ni forzando soy optimista, cuando en cualquier otro lugar hagan los verdejos como en Rueda (algún inteligente, de los que nunca leyó ningún tratado de viticultura , ni asistió asiduamente a catas dirá que no es posible, ¿los distingue él/ella en cata ciegas?, yo les aseguro que no siempre, y cato más de dos mil vinos al año….), y la uva valga la cuarta parte y se venda menos vino, diremos que el sector está en crisis. Lo que pasa es que al final cada uno está donde decide estar, y mientras los españoles cuando nos va bien somos grotescos y maleducados en otros muchos lugares del mundo son amables y educados. Tienen ambición e inquietudes (me refiero a los que mueven el mundo, no conducir el último modelo de todo terreno o deportivo….) y cuando nos vuelvan a copar el mercado nos miraremos el ombligo, lleno de mugre y diremos que es ZP o el político de turno el culpable. Que diferencia, que pobres de espíritu seguimos siendo, ¿para cuando una CyL con inquietudes, iniciativa y educación? Espero impaciente, el día que con tono victimista algún periódico publique que Rueda ya no va sobre ruedas……y hoy sábado 26 de Diciembre de 2008, el periódico el Mundo lo publica: el precio de la uva en Rueda cae un 33% y los viticultores anuncian acciones¡¡¡¡. No se preocupen, los buenos viticultores no habrán notado la bajada, ni tampoco asistirán a las movilizaciones.



Esteban Celemín.

jueves 21 de agosto de 2008


Esteban Celemín, referente en España sobre cata de vinos, apasionado del vino y Master en Enología, nos expone en el siguiente Vinartículo, de una forma eficaz y clarividente, el horizonte vitícola actual y futuro. Espero que disfruten de nuestro primer Vinartículo:




“¿Soluciones para el sector?: corazón, entusiasmo y pasión”


Cuantas veces lo que nos puso en la pista del camino correcto, fueron comentarios que de alguna manera rompieron la frontera de lo cotidiano y nos aportaron además una dimensión emocional. No hace mucho tiempo un brillante cantante y bodeguero del Priorato confesaba que el vino le había cambiado su existencia vital. Al leer estas palabras me puse en alerta, pegué un salto de la silla, y sentí un ajá¡ revelador. Entendí que en esa confesión subyacía la solución a muchas de las adversidades del mundo del vino.

Si todos los propietarios de las bodegas, directores y viticultores compartieran este sentimiento, la mayoría de los viñedos estarían plantados en terrenos pobres y aireados, como siempre lo estuvieron, se hubiera respetado la riqueza de cepajes autóctonos, asistirían a cursos de formación, participarían en catas, fomentarían intercambios con otras zonas, y de esta manera todas las zonas vitícolas de España, vendimiarían cada año uvas que reflejarían el carácter del suelo, del clima, de la variedad y por supuesto, también del viticultor.

Y cuando estas uvas entraran en la bodega, si el bodeguero y el enólogo compartieran ese sentimiento, las vinificarían para que expresaran su idiosincrasia e identidad, utilizarían levaduras autóctonas, implicarían en las catas diarias a todo su equipo, la barrica respetaría el trabajo de nuestro amigo el viticultor, la crianza en botella sería la adecuada, y así, cada marca diferente que saliera al mercado, sería, de alguna manera, fiel reflejo de la zona de la que procede y además diferenciable dentro de un mercado cada vez más homogéneo y aburrido.
Vale, vale, ya sé que llegados a este punto muchos de los lectores pensarán que nada de esto sirve para vender una sola botella de vino. Falso. Sirve, y mucho. De nuevo, ¿cómo?, la respuesta, la misma. Si los responsables de marketing de las bodegas y sus comerciales compartieran ese sentimiento llevarían el mensaje de la magia de esos vinos a los distribuidores, propietarios de tiendas, restaurantes y sumilleres que si a su vez sintieran lo mismo, se lo transmitirían al consumidor final, a través de catas didácticas, de buen servicio de vinos por copas y de nuevas fórmulas en los bares. En definitiva, habría dinamismo en contraposición al estancamiento y conformismo actual. Amigos, la comodidad es mala compañera para el éxito…..
¿Y si todos los prescriptores y periodistas tuvieran ese sentimiento por el vino?, ya habría un programa semanal de vino en televisión y radio, ¿conocen ustedes mejores medios de divulgación?, desde donde se transmitiría esa pasión por el vino que, poco a poco iría inundando de inquietud a nuevos consumidores y achicando excedentes de muchas de nuestras bodegas.
Los grandísimos vinos que ha habido, que hay y que habrá en España, han nacido, nacen y nacerán, sin duda, de gentes, que si en algún momento se hubieran topado con la confesión de nuestro cantante y bodeguero, también hubieran dado un bote de la silla, habrían sentido un remusguillo especial y habrían sonreído con complicidad, sabiendo que ellos también viven la vida a través del amor por la viticultura y el vino, marcando precisamente eso, la diferencia.

Ah, y por cierto, si por casualidad en algún momento de su vida tiene usted la responsabilidad de contratar a alguien para su empresa vitícola, no lea en exceso sus títulos académicos, si durante la entrevista usted sospecha que vive ese sentimiento de amor por el vino, no lo dude, contrátele de inmediato y tendrá usted asegurado un excelente profesional. Esto al final hará brillar su cuenta de resultados. Seguro.

Esteban Celemín